Dos espacios que conviven en una misma casa y, sin embargo, hablan lenguajes distintos. Arriba, un salón-comedor cálido y sereno que suaviza su geometría compleja mediante una zonificación precisa y la integración de piezas que la familia quiso conservar, como el sofá o el piano. La luz, los materiales y un toque industrial muy sutil construyen un refugio cotidiano para leer, conversar o simplemente estar.
En el sótano, la atmósfera se transforma: un salón “friki” concebido como territorio lúdico, donde el estilo industrial se vuelve más rotundo (microcemento, metal, terciopelo oscuro, neones) y los hobbies toman protagonismo. Jugar a la play, montar Legos o sumergirse en los universos de Marvel, Star Wars o Harry Potter convive en un ambiente inmersivo y divertido que celebra la pasión por crear y disfrutar.
Fotografía: Carla Capdevila.