Un proyecto especialmente cercano, realizado para unos clientes que ya habían confiado en mí anteriormente y con quienes, además, me une una amistad. El encargo era crear el dormitorio soñado para sus hijos de 4 y 7 años.
Para la niña diseñamos un espacio delicado y lleno de fantasía. El punto de partida fue un papel pintado botánico muy especial que introduce la naturaleza en la habitación y crea una atmósfera serena. A partir de él se organiza el dormitorio: una cama de princesa con dosel, zona de disfraces, rincón para bailar con espejo y un pequeño espacio de lectura con sillón convertible en cama. La cama se planteó bajita para mayor seguridad.
El dormitorio del niño se concibió como un refugio cómodo y funcional: una cama amplia con estructura de almacenaje para sus colchonetas y cajones para pijamas, un escritorio regulable en altura y un gran banco con libros debajo, perfecto para leer y soñar con el espacio, una de sus grandes pasiones.
El resultado son dos habitaciones pensadas para crecer, jugar y soñar, llenas de detalles y personalidad.
Fotografía: Rubén López Ronda