Una vivienda de 140 m2 con una distribución poco habitual que sus propietarios querían convertir en un hogar pensado con cariño, funcional y lleno de significado en un momento muy especial de sus vidas. El proyecto se construyó desde la emoción: ordenar espacios, dar sentido a rincones complejos y diseñar piezas a medida que acompañaran su día a día.
Colores suaves, texturas acogedoras y una atmósfera serena fueron dando forma a una casa alegre, armoniosa y profundamente personal. Incluso la decoración de Navidad se integró en el proceso, llenando su primera celebración en familia de un espíritu cálido y especial.
El resultado es un hogar luminoso y acogedor, donde cada rincón habla de ellos y de la vida que empezaban a construir.
Fotografía: Rubén López Ronda