Los clientes me pidieron “un hogar que se sintiera hogar” y, al conocerles, me propuse proyectar una casa luminosa y llena de vida, capaz de reflejar la alegría de la familia que la habita.
Sobre una base neutra, trabajamos con madera de roble y nogal, textiles, alfombras kilim y piezas inspiradas en los años 50 y 70 para aportar calidez y personalidad. El salón, concebido como corazón de la vivienda, se articula en torno a una gran librería a medida que organiza las zonas de estar y comedor y enmarca las vistas.
Los toques de color aparecen de forma estratégica, equilibrando serenidad y carácter. Cada rincón está pensado para disfrutarse.
Fotografía: Carla Capdevila.